Fortunata y Jacinta: resumen, argumento y personajes

Fortunata y Jacinta, cuyo subtítulo original es Dos historias de casadas, es una novela de Benito Pérez Galdós publicada en 1887. Ambientada en Madrid entre 1869 y 1876, presenta un amplio retrato de la burguesía, las clases medias y los sectores populares durante un periodo de importantes cambios políticos y sociales.

La historia gira alrededor de Fortunata, Jacinta, Juanito Santa Cruz y Maximiliano Rubín. A través de sus matrimonios, relaciones amorosas, conflictos familiares y diferencias de clase, Galdós aborda temas como la maternidad, el adulterio, la doble moral, la desigualdad entre hombres y mujeres y la oposición entre los deseos personales y las normas sociales.

Resumen de Fortunata y Jacinta

Título: Fortunata y Jacinta

Subtítulo: Dos historias de casadas

Autor: Benito Pérez Galdós

Género: Novela realista

Año de publicación: 1887

Ambientación: Madrid, entre 1869 y 1876

Estructura: Cuatro partes

Contenido del artículo:
  1. Resumen de Fortunata y Jacinta
  2. Personajes de Fortunata y Jacinta
  3. Análisis de Fortunata y Jacinta

Resumen de Fortunata y Jacinta

Como resumen corto de Fortunata y Jacinta, la novela cuenta la relación de Juanito Santa Cruz con dos mujeres de mundos diferentes. Juanito seduce y abandona a Fortunata, una joven de origen popular, y después se casa con su prima Jacinta, perteneciente a una familia burguesa acomodada. Aunque Jacinta es su esposa legítima, no puede tener hijos; Fortunata, en cambio, tiene dos hijos de Juanito. Este conflicto une las vidas de ambas mujeres y determina el desenlace de la obra.

El argumento de Fortunata y Jacinta no se limita a un triángulo amoroso. La novela también sigue el matrimonio de Fortunata con Maximiliano Rubín, los intentos de transformarla en una mujer respetable, las repetidas infidelidades de Juanito y el deseo de maternidad de Jacinta. A continuación se explica de qué trata la obra siguiendo sus cuatro partes.

Primera parte: Juanito, Jacinta y el falso hijo

La primera parte presenta a la familia Santa Cruz, perteneciente a la burguesía comercial madrileña. Juanito Santa Cruz es el hijo único de Baldomero Santa Cruz y Barbarita Arnáiz. Ha crecido rodeado de comodidades y posee una posición económica que le permite vivir sin asumir grandes responsabilidades.

Durante su juventud, Juanito conoce a Fortunata en uno de los barrios populares de Madrid. Ella es una muchacha sin educación formal, de carácter espontáneo y perteneciente a un ambiente social muy distinto del suyo. Juanito la seduce, mantiene una relación con ella y después la abandona.

Fortunata queda embarazada y tiene un hijo de Juanito, pero el niño muere. Juanito no asume las consecuencias de aquella relación y regresa sin grandes dificultades a su vida familiar.

Tiempo después, Juanito se casa con Jacinta Arnáiz, su prima. Jacinta pertenece al mismo entorno acomodado de los Santa Cruz y es considerada una esposa adecuada para él. Durante el viaje de novios, Juanito le cuenta parte de su aventura con Fortunata y menciona que había tenido un hijo.

Jacinta sufre porque no consigue quedar embarazada. La posibilidad de que exista un hijo de su marido despierta en ella la esperanza de encontrarlo y criarlo. Con la ayuda de Guillermina Pacheco, mujer dedicada a obras de caridad, investiga el pasado de Juanito.

José Izquierdo, tío de Fortunata, participa en un engaño y presenta a un niño llamado Juanín, conocido como el Pituso, como si fuera el hijo de Juanito y Fortunata. Jacinta se encariña con él, pero finalmente descubre que el parentesco era falso y que el verdadero primer hijo había muerto.

El episodio muestra la intensidad de su deseo de ser madre y también la distancia entre su mundo burgués y los barrios pobres que visita. Al terminar esta parte, Fortunata todavía permanece fuera del círculo familiar de los Santa Cruz, pero su historia ya condiciona el matrimonio de Jacinta.

Segunda parte: Maximiliano y el matrimonio de Fortunata

La segunda parte se concentra en la familia Rubín y presenta a Maximiliano Rubín. Maxi es un joven enfermizo, inseguro y estudiante de Farmacia que vive bajo la autoridad de su tía doña Lupe. Tiene una personalidad idealista y suele refugiarse en sus fantasías.

Cuando conoce a Fortunata, se enamora de ella y se propone convertirla en una mujer respetable. Su intención nace del afecto, pero también de la creencia de que puede corregirla y adaptarla a un modelo de conducta que él considera apropiado.

Para que la familia Rubín acepte el matrimonio, Fortunata ingresa durante un tiempo en la institución religiosa de las Micaelas. Allí debe aprender normas de comportamiento y recibir una formación moral. En ese lugar conoce a Mauricia la Dura, una mujer de origen popular, rebelde y afectada por el alcoholismo.

Mauricia conoce el pasado de Fortunata y mantiene vivo el recuerdo de Juanito. Su influencia dificulta que Fortunata acepte completamente el proceso de reforma que las Micaelas y la familia Rubín intentan imponerle.

Fortunata termina casándose con Maximiliano. Aunque desea iniciar una vida nueva y alcanzar la respetabilidad, no ha dejado de amar a Juanito ni considera que su relación con él haya terminado verdaderamente.

Juanito se entera del matrimonio y reaparece poco después. En lugar de respetar la nueva situación de Fortunata, prepara otro acercamiento y consigue seducirla nuevamente. Ella abandona el hogar de Maximiliano y vuelve a convertirse en amante de Juanito.

La nueva relación tampoco dura. Una vez satisfecha su curiosidad y recuperada la emoción del encuentro, Juanito vuelve a cansarse de Fortunata y la abandona. El comportamiento se repite porque él puede pasar de una mujer a otra sin perder su posición social ni afrontar consecuencias semejantes a las que sufren ellas.

Tercera parte: Feijoo, Mauricia y el regreso al hogar

Después de ser abandonada nuevamente, Fortunata queda en una situación inestable. Evaristo Feijoo, un hombre mayor y experimentado, se convierte durante un tiempo en su protector y amante. A diferencia de Juanito y Maximiliano, Feijoo adopta una actitud práctica ante la vida.

Feijoo comprende que la sociedad no permitirá que Fortunata viva libremente sin afrontar rechazo y pobreza. Por eso le aconseja que regrese con Maximiliano, conserve las apariencias y aproveche la seguridad económica que le ofrece el matrimonio.

Fortunata acepta parte de sus consejos y vuelve a la casa de los Rubín. Maximiliano intenta recibirla nuevamente, pero sus celos, su inseguridad y su progresivo desequilibrio mental dificultan la convivencia. Doña Lupe también procura controlar la vida doméstica y vigilar a su sobrina política.

Durante esta etapa, Mauricia la Dura reaparece gravemente afectada por el alcohol y por sus problemas de salud. Su enfermedad y posterior muerte vuelven a acercar los mundos de Fortunata y Jacinta, ya que Guillermina y Jacinta se interesan por Mauricia y por su hija Adoración.

Fortunata y Jacinta llegan a encontrarse y se observan como rivales, pero también descubren que ambas sufren por las acciones del mismo hombre. Jacinta posee el matrimonio reconocido por la sociedad, mientras Fortunata se considera unida a Juanito por una relación anterior y por su capacidad de darle hijos.

En la mente de Fortunata toma fuerza la idea de que ella es la verdadera esposa de Juanito por naturaleza, aunque la ley y la sociedad reconozcan a Jacinta. Esta convicción le permite justificar sus encuentros con él y considerar ilegítimo su propio matrimonio con Maximiliano.

La tercera parte muestra que Fortunata ha intentado integrarse en el orden social, pero no logra abandonar sus sentimientos ni aceptar completamente la identidad que otros han diseñado para ella.

Cuarta parte: embarazo, celos y desenlace

En la última parte, Fortunata vuelve a encontrarse con Juanito y reanuda la relación. Aunque recuerda las recomendaciones de Feijoo y conoce el carácter inconstante de su amante, vuelve a dejarse llevar por el vínculo que ha marcado gran parte de su vida.

Como consecuencia de esos encuentros, Fortunata queda embarazada por segunda vez de Juanito. El embarazo confirma ante ella la idea de que posee una unión natural con él, pues Jacinta no ha podido tener hijos durante su matrimonio.

Mientras Fortunata espera al niño, Maximiliano sufre un deterioro psicológico cada vez más evidente. Sus ideas se vuelven delirantes y la familia comienza a considerar la necesidad de internarlo en un establecimiento especializado.

Fortunata se instala cerca de sus parientes y da a luz a un niño al que se llama Juan Evaristo Segismundo. El nacimiento parece ofrecerle una forma de triunfo sobre Jacinta, porque ella ha conseguido darle a Juanito el hijo que su esposa deseaba.

Sin embargo, poco después descubre que Juanito mantiene una relación con Aurora Fenelón. Aurora había sido amiga y confidente de Fortunata, por lo que la revelación representa una doble traición. Maximiliano, que conoce la relación, se encarga de comunicársela.

Fortunata todavía está debilitada por el parto, pero abandona el reposo y acude al establecimiento de Aurora para enfrentarse con ella. La golpea durante una violenta discusión y regresa en un estado físico muy delicado.

El esfuerzo agrava las complicaciones posteriores al parto. Fortunata sufre una hemorragia y comprende que está cerca de morir. Antes del desenlace expresa su voluntad de que Jacinta reciba al niño y lo críe.

La decisión transforma la relación entre las dos mujeres. Fortunata, que durante mucho tiempo consideró a Jacinta una rival, reconoce que ella puede ofrecer al niño protección, estabilidad y una posición social que su madre biológica no podrá proporcionarle.

Guillermina Pacheco y Segismundo Ballester ayudan a cumplir la voluntad de Fortunata. Jacinta recibe a Juan Evaristo y satisface finalmente su deseo de ejercer la maternidad, aunque el niño procede precisamente de la relación que tanto sufrimiento causó en su matrimonio.

Fortunata muere después del parto y del enfrentamiento con Aurora. Maximiliano termina internado en el manicomio de Leganés. Juanito Santa Cruz, en cambio, continúa vivo y conserva su posición social, aunque Jacinta dirige ahora gran parte de su atención y de su afecto hacia el niño.

El final une simbólicamente las dos historias de casadas. Fortunata aporta la maternidad biológica y Jacinta asume la maternidad social y legal. El niño conecta los dos mundos, pero también recuerda la desigualdad que permitió a Juanito causar daño sin sufrir un desenlace comparable.

Personajes de Fortunata y Jacinta

Los personajes principales y secundarios de Fortunata y Jacinta pertenecen a distintos sectores de la sociedad madrileña. Sus relaciones permiten observar las diferencias de clase, la doble moral y las limitaciones impuestas especialmente a las mujeres.

Las cuatro figuras centrales

  • Fortunata: joven de origen popular seducida y abandonada por Juanito Santa Cruz. Es apasionada, espontánea y resistente, pero su falta de educación y de protección social la coloca en una situación vulnerable. Se casa con Maximiliano, aunque continúa considerando a Juanito su verdadero compañero. Tiene dos hijos de Juanito y muere después del nacimiento del segundo.
  • Jacinta Arnáiz: prima y esposa de Juanito Santa Cruz. Pertenece a una familia burguesa acomodada y posee la legitimidad social de la que Fortunata carece. Su imposibilidad de tener hijos condiciona gran parte de su vida. No es únicamente una mujer sumisa: investiga el pasado de su marido, cuestiona su conducta y acaba asumiendo el cuidado del hijo de Fortunata.
  • Juanito Santa Cruz: joven burgués, ocioso y seductor que conecta las historias de Fortunata y Jacinta. Utiliza su posición económica para satisfacer sus deseos sin responsabilizarse plenamente por las consecuencias. Se casa con Jacinta, mantiene repetidas relaciones con Fortunata y posteriormente la engaña con Aurora Fenelón.
  • Maximiliano Rubín: estudiante de Farmacia, enfermizo e inseguro, que se enamora de Fortunata. Pretende reformarla y convertirla en la esposa que imagina, sin comprender completamente su carácter. Los celos, el fracaso matrimonial y su tendencia a las fantasías contribuyen a su deterioro mental.

Figuras que influyen en el desarrollo

  • Guillermina Pacheco: mujer dedicada a obras de caridad y vinculada a la familia Santa Cruz. Actúa como mediadora entre las clases acomodadas y los barrios populares. Participa en la búsqueda del supuesto hijo y ayuda a cumplir la voluntad final de Fortunata.
  • Doña Lupe Rubín: tía de Maximiliano y autoridad principal de la familia Rubín. Administra el dinero y controla la vida doméstica. Acepta el matrimonio con Fortunata solo después de que esta atraviesa un proceso de reforma.
  • Mauricia la Dura: mujer de origen popular a quien Fortunata conoce en las Micaelas. Es rebelde, impulsiva y sufre una grave dependencia del alcohol. Su presencia recuerda constantemente a Fortunata su pasado y su resistencia a las normas que otros desean imponerle.
  • Evaristo Feijoo: hombre mayor que acoge a Fortunata después de uno de sus abandonos. Se convierte temporalmente en su amante y protector. Sus consejos se basan en la prudencia, la conveniencia y la necesidad de conservar las apariencias.
  • Segismundo Ballester: farmacéutico relacionado con Maximiliano y la familia Rubín. Se interesa por Fortunata, la ayuda durante el embarazo y participa en el cumplimiento de sus últimas decisiones.
  • Aurora Fenelón: mujer trabajadora que inicialmente mantiene una relación de amistad con Fortunata. Después se convierte en amante de Juanito Santa Cruz. El descubrimiento de esta traición provoca el enfrentamiento que precipita la muerte de Fortunata.
  • José Izquierdo: tío de Fortunata y representante de uno de los ambientes más pobres de Madrid. Participa en el engaño mediante el cual el Pituso es presentado como hijo de Juanito y Fortunata.
  • Barbarita Arnáiz: madre de Juanito Santa Cruz. Protege a su hijo y representa el orden familiar burgués que tiende a disculpar o minimizar su comportamiento.

Análisis de Fortunata y Jacinta

La novela combina las historias íntimas de sus protagonistas con un amplio retrato de Madrid. Los conflictos amorosos no aparecen separados de la sociedad: dependen del dinero, la educación, el género, la familia y la posición que cada personaje ocupa.

Madrid y las diferencias de clase

Madrid funciona como algo más que un escenario. Los personajes recorren calles, comercios, cafés, viviendas burguesas, conventos, farmacias y barrios populares. Cada espacio revela una forma distinta de vivir y de relacionarse.

Los Santa Cruz representan a la burguesía enriquecida, protegida por el dinero y por sus conexiones familiares. Los Rubín pertenecen a una clase media que necesita trabajar y cuidar sus recursos. Fortunata y sus parientes viven en ambientes populares marcados por la precariedad.

La posición de Juanito le permite entrar y salir de esos mundos sin perder su prestigio. Fortunata, en cambio, no puede atravesar las fronteras sociales con la misma libertad. Su relación con un hombre burgués no le proporciona reconocimiento ni protección permanente.

La mujer y la doble moral

Fortunata y Jacinta están sujetas a reglas distintas de las que rigen la vida de Juanito. Él puede tener relaciones fuera del matrimonio y regresar después a su hogar, mientras ellas deben afrontar el abandono, los celos, la condena social o la dependencia económica.

Jacinta posee respetabilidad, dinero y protección familiar, pero su vida está condicionada por el matrimonio y por la expectativa de ser madre. Fortunata tiene mayor libertad de carácter, pero carece de recursos y legitimidad social.

La novela no presenta a una como completamente libre y a la otra como totalmente sumisa. Las dos intentan tomar decisiones dentro de límites diferentes y ambas terminan pagando las consecuencias de la conducta de Juanito.

Maternidad y legitimidad

La maternidad es uno de los temas centrales. Jacinta es la esposa reconocida, pero no puede tener hijos. Fortunata no posee legitimidad matrimonial frente a Juanito, pero sí puede darle descendencia.

Fortunata interpreta su fertilidad como prueba de que existe entre ella y Juanito una unión más verdadera que el matrimonio legal. Jacinta, en cambio, representa la familia reconocida por la sociedad y dispone de los medios necesarios para criar al niño.

La entrega final de Juan Evaristo a Jacinta reúne ambas formas de maternidad. Fortunata es la madre biológica y Jacinta se convierte en la madre social. El desenlace acerca a las dos mujeres, pero también muestra cómo el hijo de una mujer pobre termina incorporado a una familia burguesa.

Naturaleza frente a normas sociales

Fortunata cree que sus sentimientos y su maternidad le conceden derechos naturales sobre Juanito. Desde su perspectiva, el matrimonio legal con Jacinta no puede borrar la relación que existía antes.

La sociedad sostiene lo contrario: Jacinta es la esposa legítima y Fortunata es considerada una amante. Maximiliano y las Micaelas intentan adaptar a Fortunata a las normas sociales mediante el matrimonio, la educación religiosa y el control de su conducta.

El fracaso de esos intentos muestra que una persona no puede ser transformada únicamente desde fuera. Fortunata puede aprender nuevas costumbres, pero no deja de pensar, sentir y decidir según su propia experiencia.

Amor, posesión y traición

Las relaciones de la novela mezclan amor, deseo, dependencia y posesión. Juanito desea a Fortunata mientras la relación resulta novedosa, pero la abandona cuando pierde interés. Maximiliano afirma amarla, aunque también pretende modificarla para que responda a su ideal de esposa.

Fortunata ama a Juanito con una intensidad que la lleva a justificar sus engaños y a regresar repetidamente con él. Jacinta conserva su matrimonio, pero debe soportar la incertidumbre y las infidelidades.

La traición de Aurora resulta especialmente dolorosa porque procede de una mujer en quien Fortunata confiaba. Sin embargo, el principal responsable del conflicto continúa siendo Juanito, quien repite con Aurora el mismo comportamiento que había mantenido con las demás.

La enfermedad de Maximiliano

Maximiliano no representa la ambición ni la corrupción producida por el poder. Es un personaje vulnerable que vive entre la realidad y sus fantasías. Su deseo de salvar a Fortunata nace del amor, pero también de la necesidad de sentirse fuerte y necesario.

Cuando el matrimonio fracasa, sus inseguridades se intensifican. Los celos y las ideas delirantes aumentan hasta impedirle llevar una vida autónoma. Su internamiento en Leganés completa un proceso de deterioro que se desarrolla gradualmente durante la novela.

Realismo, narrador e historia

Galdós utiliza un narrador capaz de describir la sociedad madrileña y, al mismo tiempo, entrar en los pensamientos de los personajes. El lector conoce las contradicciones de Fortunata, los temores de Maximiliano, el deseo de maternidad de Jacinta y la indiferencia de Juanito.

La narración combina descripciones detalladas, diálogos, humor, ironía y formas de hablar propias de diferentes grupos sociales. Los acontecimientos privados aparecen junto a cambios políticos ocurridos durante el Sexenio Democrático y el comienzo de la Restauración.

Esta unión entre vida cotidiana, historia y conflicto social convierte la novela en un retrato amplio de Madrid. La historia de las dos mujeres no se presenta como un caso aislado, sino como resultado de una sociedad que concede distintos derechos y oportunidades según el género y la clase social.

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